La estatura del sacrificio y el abismo de la indignidad
La historia, en su avance inexorable, suele actuar como un tamiz que separa el grano de la paja, la hidalguía de la bajeza.
El reciente sacrificio de los 32 hijos de Cuba, caídos en cumplimiento del deber el pasado 3 de enero, no solo ha dejado un vacío físico en sus familias y un luto nacional en el alma de la patria, también ha desnudado, con una crudeza quirúrgica, las profundas asimetrías morales que conviven en el escenario contemporáneo.


















